El indio: ¿Por qué Evo es pueblo?

El brazo armado del Golpe, ayer, cortaba las insignias con la wiphala para expresar su deprecio por los pueblos indígenas y el Estado Plurinacional de Bolivia. Ahora, dice que la van a restablecer. También están preocupados porque la resistencia al Golpe de Estado se encamina hacia La Paz.

Me comparten esto desde #Bolivia: Los indígenas de El Alto marchan y gritan “Ahora sí, guerra civil”. Estremecedor. ¿Pensaba la derecha golpista que se quedarían de brazos cruzados?

Consecuencias del #GolpeDeEstadoEnBolivia

🇧🇴Los Ponchos Rojos son combatientes aymaras que manifiestan estar dispuestos a dar la vida por su gente y la integridad de su patria, Bolivia. Son ellos quienes vociferan “Ahora sí, guerra civil”.

Evo Morales: Pido a mi pueblo con mucho cariño y respeto cuidar la paz y no caer en la violencia de grupos que buscan destruir el Estado de Derecho. No podemos enfrentarnos entre hermanos bolivianos. Hago un llamado urgente a resolver cualquier diferencia con el diálogo y la concertación.

¿Quién detiene esa muchedumbre enardecida que ve cómo la oligarquía le arrebata el triunfo indiscutible en las elecciones y quiere alzarse con el botín de una victoria que no les pertenece.

Para colmo, vean cómo el Copy Paste de la OEA, reflejado en el análisis de integridad electoral realizado así los refleja cuando mencionan a la Argentina en lugar de Bolivia.

Evo se pronuncia y agradece a su pueblo las muestras espontáneas de apoyo al gobierno democrático que fue derrocado por el Golpe Cívico-Político-Policial que ha instaurado en Bolivia un régimen de facto apoyado por la violencia y la represión.

#NoAlGolpeEnBolivia

¿Por qué Evo es pueblo?

#RespaldoTotalAEvo #EvoNoEstasSolo 

LULA LIVRE AGORA

El juez Danilo Pereira ordenó la salida de prisión del expresidente Luiz Inácio Lula da Silva, tras 580 días de cárcel, después que sus abogados pidiesen su libertad formalmente el viernes tras un fallo adoptado por el Tribunal Supremo.


#Lula ya dejó su celda del penal de Curitiba y se está realizando el control de salud previo a su libertad que se estima en poco mas de 1 hora. Irá directo a su casa de San Bernardo y mañana a las 9 AM dará una conferencia de prensa.


El pueblo espera en las calles verlo en libertad tras 1 año y 7 meses detenido. Amplíe en imágenes cortesía de RT:

¿Por qué en Cuba no hay estallidos sociales?

Por Iroel Sánchez -29 octubre de 2019

Una amiga brasileña que como periodista ha estado unos días en Cuba me comentaba su asombro acerca de cómo todos los cubanos con quien habló saben quién es Bolsonaro, quién es Dilma y quién es Lula, lo que no le sucedía en otros países latinoamericanos que había visitado recientemente.

El excepcional interés con el que los cubanos siguen los acontecimientos internacionales es algo muy particular que suele pasar inadvertido para quienes vivimos en la Isla. Ahora mismo, los estallidos sociales en Haití, Chile, Panamá y Ecuador, el conflicto de poderes en Perú, las interminables represiones y asesinatos de líderes sociales en Honduras y Colombia, la ingobernabilidad heredada que obliga al gobierno de México a liberar a un narcotraficante, la prisión injusta del líder de la izquierda brasileña para impedir su segura victoria electoral y las elecciones en Bolivia y Argentina, las agresiones constantes de Estados Unidos contra Venezuela, o el Ucraniagate en que anda sumido Donald Trump,  pueden ser tema de conversación en cualquier lugar de Cuba, desde una esquina donde se juega dominó a un aula universitaria.

Por supuesto, esas conversaciones no evaden las graves dificultades que atraviesa la economía cubana contra la que cada semana se dan a conocer nuevas sanciones del gobierno estadounidense, ni tampoco cualquiera de las deficiencias en los servicios con los que choca la ciudadanía, en los que el impacto del bloqueo económico se puede mezclar con la desidia burocrática y provocar molestias e insatisfacciones  injustificadas. Sin embargo, esa mezcla de guerra económica con insuficiencias internas no provoca estallidos sociales y cuando el sistema -socialismo de Partido único- se ha sometido a la prueba de las urnas, como en el reciente referendo constitucional, a pesar de la intensa propaganda contra el proceso a la que cada año Estados Unidos destina decenas de millones de dólares y una bien financiada “Cuba Internet Task Force”, los resultados le son aplastatantemente favorables a la dirección revolucionaria que Washington lleva seis décadas tratando de derribar.

La explicación de la maquinaria mediática dominante es que la mezcla de la “intensa represión del régimen” y el “relajo cubano” impiden un estallido. Pero en la historia de Cuba -de la reconcentración de Weyler a la dictadura de Batista, pasando por la de Machado- ningún régimen basado en la represión logró permanecer por tiempo prolongado al frente del país, a pesar de un “relajo” en el que la corrupción era la dinámica de funcionamiento de la política y la economía a todos los niveles.

Por el contrario, si en vez de en febrero, la consulta electoral se efectuara ahora, en medio de un bloqueo recrudecido, el por ciento de aprobación superaría con creces los obtenidos entonces, y eso sería fruto, sin dudas, de la combinación de tres factores coyunturales y dos estructurales.

Coyunturales:

  1. .El recrudecimiento de la agresividad del gobierno estadounidense fortalece el sentimiento patriótico y la unidad nacional.
  2. Eficacia política del gobierno cubano, explicando de modo convincente la relación de las escaceses con el incremento de la agresión y el modo en que la estrategia para enfrentar las sanciones estadounidenses busca aminorar su impacto en la vida cotidiana del pueblo.
  3. Situación internacional con visible fracaso de las políticas neoliberales y descrédito de las fórmulas de la democracia burguesa.

Estructurales:

  1. Cultura política masiva entre los cubanos, asentada durante 60 años por la pedagogía de Fidel Castro, acerca de la naturaleza del imperialismo y del proyecto de justicia social y soberanía nacional de la Revolución.
  2. Vínculo de la dirección revolucionaria con el pueblo, renovado por el gobierno de Miguel Díaz-Canel, que ha reforzado la pecepción de que el gobierno escucha al pueblo y trabaja para él.

Ningún país latinoamericano de los que ahora mismo reprime con disparos y gases la protesta social y/o viola  abiertamente las reglas de la democracia formal que ellos mismos defienden ha sido sometido a la guerra económica, al financiamiento multimillonario para crear una oposición artificial y mucho menos al linchamiento mediático y académico global  permanente hacia sus líderes y su proyecto político y social.

Pero a pesar de todo eso hay reconocer que hay gente insatisfecha en Cuba y muchos de esos insatisfechos se van a Miami. La acumulación de casi seis décadas de privilegios migratorios junto al desarrollo de capacidades educativas y el estado de salud propiciados por el socialismo cubano les hacen muy competitivos con respecto al resto de las comunidades no nativas, pero no los convierten en más libres: Más de un millón de cubanos en Estados Unidos sufren graves limitaciones para relacionarse con sus familias en Cuba gracias a las medidas de Trump, sin embargo no hay noticias de que eso provoque protestas allí. Tampoco leemos en ninguna parte que esa ausencia pública de desacuerdo se atribuya a la corrupción y las prácticas represivas nada democráticas  que la clase dominante en la Isla hasta 1959 parece haber implantado en Miami durante su ya larga permanencia en esa ciudad, sin desdeñar el ejemplo edificante que le ha ofrecido un sistema que hoy pone a competir  en corrupciones a Donald Trump y Joe Biden.

Tomado de la Pupila insomne

“Para conocer a un pueblo se le ha estudiar en todos sus aspectos y expresiones”.

Por Abel E. González Santamaria.


Con la presencia de más de 1 200 delegados de 95 países, comenzó hoy en Cuba el Encuentro Antimperialista de Solidaridad, por la Democracia y contra el Neoliberalismo. Una buena ocasión para denunciar la escalada de agresiones y las pretensiones hegemónicas del gobierno de Estados Unidos contra el sistema mundo, Nuestra América y en particular contra Cuba.
El actual mandatario estadounidense Donald Trump, desde su etapa de candidato presidencial, perfiló el programa político que tendría su gobierno en el libro “Grande de nuevo: Cómo arreglar a nuestro Estados Unidos dañado”. En su contraportada escribió que quiere “traer a Estados Unidos de vuelta, para que sea grande y próspero de nuevo, y para estar seguros de que somos respetados por nuestros aliados y temidos por nuestros adversarios”.[1]
En el libro –que según Trump “es mi modelo para hacer a Estados Unidos grande otra vez”- dejó clara su posición sobre la política exterior estadounidense basado en el poder militar:
“Mi enfoque en política exterior está construido sobre un cimiento fuerte: operar desde la fuerza. Eso significa que tenemos que mantener el ejército más fuerte del mundo, por mucho. Tenemos que demostrar disposición a utilizar nuestra fortaleza económica, para premiar a los países que trabajan con nosotros y castigar a los que no.
“Gastar dinero en nuestro ejército es un negocio inteligente. ¿Quién cree la gente que construirá nuestros aviones y barcos, y todo el equipamiento que nuestras tropas deben tener? Los trabajadores estadounidenses, ellos son. Así que fortalecer nuestro ejército tiene sentido económico porque permite poner dinero real en el sistema y poner a miles de personas a trabajar”.[2]
Con la llegada de Trump a la Casa Blanca se produjo una restauración ideológica conservadora de posiciones populistas, nacionalistas y militaristas. En los tres primeros años de mandato se delinearon algunos elementos que pudieran constituir las bases para conformar la doctrina de política exterior y seguridad nacional de su gobierno. El hilo conductor se correspondió con la plataforma electoral nacionalista de “Primero Estados Unidos”, que combina el aislacionismo diplomático y el proteccionismo económico, con el fortalecimiento militar y el rechazo a la amenaza del cambio climático. Una “novedosa” fórmula para intentar mantener la hegemonía global y otro «buen acuerdo» para el Complejo Militar-Industrial.
Hacia Cuba se movió hacia los dos extremos. Durante la campaña reconoció el restablecimiento de las relaciones diplomáticas de su país con la Isla y llegó a expresar que “consideraría abrir uno de sus hoteles en Cuba” y que la nación caribeña tenía “cierto potencial” para los inversores. Esa posición la cambió por conveniencia política al final de la contienda, cuando estableció una alianza con la extrema derecha anticubana, para beneficiarse de su maquinaria política electoral al sur de la Florida. A partir de ese momento, el entonces candidato presidencial incrementó el discurso ofensivo contra la Revolución Cubana y amenazó con revertir los avances alcanzados en las relaciones bilaterales durante el gobierno de Barack Obama.
Luego de “la disputa entre Obamianos y Trumpistas”, el 16 de junio de 2017, el mandatario estadounidense anunció la política de su gobierno hacia Cuba, que revirtió parte de los avances alcanzados en los dos últimos años, después de la decisión de restablecer las relaciones diplomáticas e iniciar un proceso hacia la normalización de los vínculos bilaterales. Trump apostó por el retroceso, la presión y la retórica.
Pero a la extrema derecha no le fue suficiente. De ahí que fabricaron falsos argumentos para condenar a Cuba por supuestos “ataques sónicos” contra el personal diplomático estadounidense en La Habana. Toda una verdadera trama de una película de ciencia ficción o de una novela de suspenso, por cierto de la peor factura. Lo cierto fue que el incidente sirvió como pretexto para politizar los acontecimientos y favorecer los reclamos de un reducido sector de la extrema derecha anticubana, encabezada por el senador Marco Rubio, que presionó al ejecutivo para que adoptara medidas más radicales contra Cuba, incluyendo la ruptura de las relaciones diplomáticas.
No es la primera vez en la larga historia de conflictos entre ambos países, en que grupos de poder estadounidenses emplean cualquier pretexto para justificar su política de hostilidad contra la Isla y condicionar cualquier posibilidad de avanzar hacia la normalización de los vínculos bilaterales. Solo recordar el pretexto del Maine para intervenir y recolonizar a Cuba.
En paralelo, el gobierno estadounidense redobló la ofensiva imperialista contra Venezuela y empleó a la Organización de Estados Americanos (OEA) como punta de lanza para intentar destruir la Revolución Bolivariana. El pretexto empleado -contra la nación que posee las mayores reservas de petróleo del mundo, sometido a una sostenida guerra económica y amenaza militar- fue la supuesta «alteración del orden constitucional que afectaba gravemente al orden democrático».
Todos los argumentos construidos y las medidas aplicadas contra ambas naciones, estuvieron en correspondencia con la Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos del gobierno de Trump, de diciembre de 2017. En la proyección hacia América Latina y el Caribe acudieron a pretextos de amenazas a la seguridad para justificar la presencia de sus tropas en la región, y atacar a Cuba y Venezuela. En el documento trataron a los países vecinos con desprecio, desconociendo los valores y cultura de sus pueblos. Un verdadero recetario de arrogancia imperial al estilo de la época de la Doctrina Monroe y de la etapa de confrontación de la Guerra Fría.

Para abordar con profundidad estos elementos, recomiendo la lectura del libro “TRUMP vs CUBA: Revelaciones de una nueva era de confrontación”, de la Editorial Ocean Sur, que este lunes será presentado por su autor el profesor Rafael González Morales. Al adentrarse en sus páginas, el lector podrá reflexionar desde el pensamiento antimperialista de José Martí, que “para conocer a un pueblo se le ha estudiar en todos sus aspectos y expresiones: ¡en sus elementos, en sus tendencias, en sus apóstoles, en sus poetas y en sus bandidos!”.[3]

Fuente:
[1] Donald Trump: Great Again: How to Fix Our Crippled America, Threshold Editions, New York, 2015.
[2] Ibídem, p. 32.
[3] José Martí: “México en los Estados Unidos. Sucesos referentes a México”, El Partido Liberal, 7 de julio de 1887. En sus: Obras Completas, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975, t. 7, p. 51

Agonía y muerte del neoliberalismo en América Latina

Por Atilio Boron.

Se avecinan “tiempos interesantes” y preñados de grandes potencialidades de cambio. La incertidumbre domina la escena, como invariablemente sucede en todos los puntos de inflexión de la historia. Pero donde hay una certeza absoluta es que ya más nadie en Latinoamérica podrá engañar a nuestros pueblos, o pretender ganar elecciones, diciendo que “hay que imitar al modelo chileno”, o seguir los pasos del “mejor alumno” del Consenso de Washington”. Atilio Boron.

Agonía y muerte del neoliberalismo en América Latina

Sea un buen descalificador, aprenda de los mejores. Por Iroel Sánchez

La pupila insomne

Como el mejor de los censores investigue a sus oponentes en dos o tres bases de datos académicas y si no aparecen allí, pues diga que no pueden participar en un debate. Usted ama el debate pero no puede rebajarse a tanto, por lo que si no aparecen allí no merecen ser escuchados y puede descalificarlos con las palabras que jamás aceptaría se dirigieran a usted. 

Ver la entrada original 420 palabras más