Lo que quede de aldea en América ha de despertar

Por Abel Enrique González Santamaria.

Hace veinte años comenzó una nueva etapa en América Latina y el Caribe, con la victoria electoral en Venezuela de Hugo Chávez Frías, el 6 de diciembre de 1998. Con un sorprendente respaldo de masas, comenzó al año siguiente un singular proceso de profundas transformaciones sociales y políticas, que tuvo un alcance continental.

Las Revoluciones Cubana y Bolivariana estimularon la lucha de los movimientos sociales, lo que provocó la victoria en las urnas de líderes progresistas para asumir la presidencia de sus países: Luiz Inácio Lula da Silva y Dilma Rousseff, en Brasil; Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner, en Argentina; Tabaré Vázquez y José Mujica, en Uruguay; Evo Morales, en Bolivia; Manuel Zelaya, en Honduras; Rafael Correa, en Ecuador; Daniel Ortega, en Nicaragua; Leonel Fernández, en República Dominicana; Fernando Lugo, en Paraguay; Álvaro Colom, en Guatemala y Salvador Sánchez Cerén, en El Salvador.

También en ese contexto en las islas del Caribe asumieron como primeros ministros figuras con posiciones progresistas como Keith Mitchell, de Granada; Denzil Douglas, de San Cristóbal y Nieves; Kenny Anthony, de Santa Lucía; Ralph Gonsalves, de San Vicente y las Granadinas; Winston Spencer, de Antigua y Barbuda; y Roosevelt Skerrit de Dominica.

Estos acontecimientos transformaron radicalmente el balance de fuerzas a favor de la izquierda, que contribuyó a derrotar en el 2005 el proyecto hegemónico regional de Estados Unidos para el siglo XXI, denominado Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA). Además, favoreció el avance de la integración genuinamente latinoamericana y caribeña.

Los gobiernos progresistas desplegaron un intenso programa de bienestar social dirigido a los sectores de menores recursos, que logró sacar de la pobreza extrema a millones de personas. En sus agendas de gobierno las prioridades estuvieron dirigidas a la lucha contra la desigualdad, la erradicación de la pobreza y la búsqueda de sociedades más justas e inclusivas y con mayores niveles de bienestar.

Esa realidad se ha visto afectada en los últimos cuatro años por la llegada al poder de fuerzas de la derecha e incluso de la extrema derecha, con una agenda neoliberal bien definida. Las estadísticas son bien elocuentes e ilustran la triste situación por la que atraviesa Nuestra América, provocada fundamentalmente por las políticas aplicadas por los gobiernos de derecha subordinados a Estados Unidos y a los ajustes de su brazo financiero, el Fondo Monetario Internacional.

Esta semana la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) de las Naciones Unidas, publicó su informe “Panorama Social de América Latina 2019”. En esta edición se retoma el análisis de las tendencias en la evolución de la desigualdad de ingresos, la pobreza y el gasto social en América Latina.

Destaca el documento que entre el 2000 y 2014, predominó en la región la tendencia de reducción de la pobreza y la pobreza extrema. Sin embargo, esos indicadores muestran la tendencia al alza desde 2015. Aproximadamente 185 millones de personas se encontraban bajo el umbral de la pobreza en 2018, de los cuales 66 millones de personas estaban en la pobreza extrema. Mientras que, en 2019, el número de personas en la pobreza aumentaría a 191 millones, de los cuales 72 millones estarían en la pobreza extrema.[1]

Gracias a las políticas sociales implementadas por la Revolución, ese panorama no ocurrirá en Cuba. Reflexionar sobre las complejidades del mundo contemporáneo con argumentos y basados en la verdad histórica, permitirá a las presentes y futuras generaciones nuestroamericanas contar con las armas necesarias para mantener viva la lucha por la justicia e igualdad social, esas que hace más de un siglo empleó el más universal de los cubanos, José Martí. En enero de 1891, en víspera de entregarse por entero a la organización de la Revolución del 95, publicó en los periódicos La Revista Ilustrada de Nueva York y El Partido Liberal, de México, su ensayo programático “Nuestra América”, convencido que:

“Lo que quede de aldea en América ha de despertar. Estos tiempos no son para acostarse con el pañuelo a la cabeza, sino con las armas de almohada, como los varones de Juan de Castellanos: las armas del juicio, que vencen a las otras. Trincheras de ideas, valen más que trincheras de piedra”. [2]

Fuente:
[1] Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL): Panorama Social de América Latina 2019, Santiago de Chile, 2019.
[2] José Martí: “Nuestra América, El Partido Liberal, México, 30 de enero de 1891”.