“Para conocer a un pueblo se le ha estudiar en todos sus aspectos y expresiones”.

Por Abel E. González Santamaria.


Con la presencia de más de 1 200 delegados de 95 países, comenzó hoy en Cuba el Encuentro Antimperialista de Solidaridad, por la Democracia y contra el Neoliberalismo. Una buena ocasión para denunciar la escalada de agresiones y las pretensiones hegemónicas del gobierno de Estados Unidos contra el sistema mundo, Nuestra América y en particular contra Cuba.
El actual mandatario estadounidense Donald Trump, desde su etapa de candidato presidencial, perfiló el programa político que tendría su gobierno en el libro “Grande de nuevo: Cómo arreglar a nuestro Estados Unidos dañado”. En su contraportada escribió que quiere “traer a Estados Unidos de vuelta, para que sea grande y próspero de nuevo, y para estar seguros de que somos respetados por nuestros aliados y temidos por nuestros adversarios”.[1]
En el libro –que según Trump “es mi modelo para hacer a Estados Unidos grande otra vez”- dejó clara su posición sobre la política exterior estadounidense basado en el poder militar:
“Mi enfoque en política exterior está construido sobre un cimiento fuerte: operar desde la fuerza. Eso significa que tenemos que mantener el ejército más fuerte del mundo, por mucho. Tenemos que demostrar disposición a utilizar nuestra fortaleza económica, para premiar a los países que trabajan con nosotros y castigar a los que no.
“Gastar dinero en nuestro ejército es un negocio inteligente. ¿Quién cree la gente que construirá nuestros aviones y barcos, y todo el equipamiento que nuestras tropas deben tener? Los trabajadores estadounidenses, ellos son. Así que fortalecer nuestro ejército tiene sentido económico porque permite poner dinero real en el sistema y poner a miles de personas a trabajar”.[2]
Con la llegada de Trump a la Casa Blanca se produjo una restauración ideológica conservadora de posiciones populistas, nacionalistas y militaristas. En los tres primeros años de mandato se delinearon algunos elementos que pudieran constituir las bases para conformar la doctrina de política exterior y seguridad nacional de su gobierno. El hilo conductor se correspondió con la plataforma electoral nacionalista de “Primero Estados Unidos”, que combina el aislacionismo diplomático y el proteccionismo económico, con el fortalecimiento militar y el rechazo a la amenaza del cambio climático. Una “novedosa” fórmula para intentar mantener la hegemonía global y otro «buen acuerdo» para el Complejo Militar-Industrial.
Hacia Cuba se movió hacia los dos extremos. Durante la campaña reconoció el restablecimiento de las relaciones diplomáticas de su país con la Isla y llegó a expresar que “consideraría abrir uno de sus hoteles en Cuba” y que la nación caribeña tenía “cierto potencial” para los inversores. Esa posición la cambió por conveniencia política al final de la contienda, cuando estableció una alianza con la extrema derecha anticubana, para beneficiarse de su maquinaria política electoral al sur de la Florida. A partir de ese momento, el entonces candidato presidencial incrementó el discurso ofensivo contra la Revolución Cubana y amenazó con revertir los avances alcanzados en las relaciones bilaterales durante el gobierno de Barack Obama.
Luego de “la disputa entre Obamianos y Trumpistas”, el 16 de junio de 2017, el mandatario estadounidense anunció la política de su gobierno hacia Cuba, que revirtió parte de los avances alcanzados en los dos últimos años, después de la decisión de restablecer las relaciones diplomáticas e iniciar un proceso hacia la normalización de los vínculos bilaterales. Trump apostó por el retroceso, la presión y la retórica.
Pero a la extrema derecha no le fue suficiente. De ahí que fabricaron falsos argumentos para condenar a Cuba por supuestos “ataques sónicos” contra el personal diplomático estadounidense en La Habana. Toda una verdadera trama de una película de ciencia ficción o de una novela de suspenso, por cierto de la peor factura. Lo cierto fue que el incidente sirvió como pretexto para politizar los acontecimientos y favorecer los reclamos de un reducido sector de la extrema derecha anticubana, encabezada por el senador Marco Rubio, que presionó al ejecutivo para que adoptara medidas más radicales contra Cuba, incluyendo la ruptura de las relaciones diplomáticas.
No es la primera vez en la larga historia de conflictos entre ambos países, en que grupos de poder estadounidenses emplean cualquier pretexto para justificar su política de hostilidad contra la Isla y condicionar cualquier posibilidad de avanzar hacia la normalización de los vínculos bilaterales. Solo recordar el pretexto del Maine para intervenir y recolonizar a Cuba.
En paralelo, el gobierno estadounidense redobló la ofensiva imperialista contra Venezuela y empleó a la Organización de Estados Americanos (OEA) como punta de lanza para intentar destruir la Revolución Bolivariana. El pretexto empleado -contra la nación que posee las mayores reservas de petróleo del mundo, sometido a una sostenida guerra económica y amenaza militar- fue la supuesta «alteración del orden constitucional que afectaba gravemente al orden democrático».
Todos los argumentos construidos y las medidas aplicadas contra ambas naciones, estuvieron en correspondencia con la Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos del gobierno de Trump, de diciembre de 2017. En la proyección hacia América Latina y el Caribe acudieron a pretextos de amenazas a la seguridad para justificar la presencia de sus tropas en la región, y atacar a Cuba y Venezuela. En el documento trataron a los países vecinos con desprecio, desconociendo los valores y cultura de sus pueblos. Un verdadero recetario de arrogancia imperial al estilo de la época de la Doctrina Monroe y de la etapa de confrontación de la Guerra Fría.

Para abordar con profundidad estos elementos, recomiendo la lectura del libro “TRUMP vs CUBA: Revelaciones de una nueva era de confrontación”, de la Editorial Ocean Sur, que este lunes será presentado por su autor el profesor Rafael González Morales. Al adentrarse en sus páginas, el lector podrá reflexionar desde el pensamiento antimperialista de José Martí, que “para conocer a un pueblo se le ha estudiar en todos sus aspectos y expresiones: ¡en sus elementos, en sus tendencias, en sus apóstoles, en sus poetas y en sus bandidos!”.[3]

Fuente:
[1] Donald Trump: Great Again: How to Fix Our Crippled America, Threshold Editions, New York, 2015.
[2] Ibídem, p. 32.
[3] José Martí: “México en los Estados Unidos. Sucesos referentes a México”, El Partido Liberal, 7 de julio de 1887. En sus: Obras Completas, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975, t. 7, p. 51

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