La decisión del pueblo, el futuro de un país

Por Daina Caballero: Granma

Las elecciones de Brasil, con dos candidatos en las antípodas ideológicas, también parecen echar por tierra la vieja noción de que en el país prima la búsqueda de acuerdos en pos de la estabilidad y la convivencia

El alma de Brasil está diferente, y eso lo refleja el duelo electoral en primera vuelta del pasado domingo, entre Jair Bolsonaro (que obtuvo 46,03% de los votos válidos) y Fernando Haddad (29,28%).

Cada voto de la segunda vuelta de elecciones marcada para el día 28 de octubre será un atentado o un impulso para la democracia del gigante sudamericano.

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Los comicios presidenciales realizados este domingo en Brasil irán a una segunda ronda entre los candidatos Bolsonaro, del Partido Social Liberal (PSL), y Haddad, del Partido de los Trabajadores (PT).

Ante este panorama, se hace patente el establecimiento de nuevas alianzas con los candidatos que no accedieron a la siguiente instancia, lo que decidirá quién se convertirá en el próximo presidente de la nación para el periodo 2019-2023.

Hay muchas cosas en riesgo en la próxima vuelta electoral, no solo para los brasileños sino para el futuro de América Latina. Se puede esperar a un Bolsonaro, candidato de la ultraderecha, cuya campaña electoral se ha visto marcada por sus escandalosas declaraciones, que  lo califican como «racista», «homófobo» y defensor de la pena de muerte, mientras otros le llaman «el Trump brasileño». Cabe preguntarse cómo con toda esta trayectoria ha quedado como el candidato con más porcentaje de votos.

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Por otro lado, al pueblo se le ha prohibido escoger a su representante, ese que aclamaban: Luiz Inácio Lula Da Silva. En su lugar discute la presidencia Fernando Haddad, quien puede atraer parte de los votantes de Lula, sobre todo los de menores ingresos en el noreste del país que añoran las mejoras sociales que tuvieron con el expresidente.

El pueblo brasileño tiene el poder de decidir su futuro, de pasar por encima de manipulaciones mediáticas, corrupción, engaños, falsas promesas, y elegir; como lo hubieran hecho por Lula, ese que el mismo sistema judicial de su país les arrebató.

«Don dinero» es poderoso, las élites políticas también lo son, pero cuando un pueblo decide salir del ostracismo y defender sus derechos, sus principios, cuando es capaz de unirse por un bien común, puede desmantelar cualquier intento de nublar la democracia.

La realidad para la nación brasileña hoy es la atmósfera de crispación y perplejidad que cubre a ese país tras los escándalos de corrupción y la dolorosa crisis económica de los últimos años, que ha permeado diferentes ámbitos de la vida cotidiana.

Hay varias señales de que los brasileños votaron con ira el domingo: una encuesta de Datafolha reveló la semana pasada que ese era el sentimiento de dos de cada tres votantes.

La confrontación y la violencia actualmente son rasgos de Brasil más allá de la política: el año pasado, el país registró un récord histórico de 63 880 asesinatos, una media de 175 al día, una tasa superior a la de México. La sensación de inseguridad también ha influido el debate electoral.

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